REFULGENCIA
- M. Skatrovsky

- 11 sept 2021
- 1 Min. de lectura
Con los ojos fijos, las manos entrelazadas, sentado en una silla de madera con la pierna cruzada, los labios: rojos. Una playera desgastada como única prenda que lo cubre. su rostro surcado de arrugas, huele a rosas. Todas las tardes sale de su jacal -se sienta a ver la gente pasar- Adentro su madre acostada duerme.
Hubo misa de seis, al salir de la iglesia pasan hombres o mujeres que se burlan de su aspecto, de su porte, de su sexo, los más atrevidos: chiflan, se insinúan chocantes; los menos: murmuran. Él sonríe, se retuerce, acepta las miradas, incluso contesta dicharachero, sensual y hasta amoroso. Al anochecer recoge su silla, entra a su choza, una lágrima resbala en sus mejillas al mismo tiempo que el sol en las montañas.


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